Elegir un libro para alguien cuyos gustos no conoces
Te ha tocado un nombre en un intercambio de libros y sabes dos cosas de esa persona: dónde se sienta y que una vez mencionó unas vacaciones en Portugal.
Parece un encargo imposible. No lo es: es un problema de categoría, y las categorías están bien cartografiadas.
Haz una pregunta, pero no sobre libros
“¿Qué haces los domingos?” dice más de lo que “¿qué lees?” dirá jamás.
A la pregunta sobre lectura la gente responde con los libros que cree que debería leer. A la del domingo responde con sinceridad, y un domingo cocinando, caminando, en un museo o desmontando una bicicleta apunta directo a un estante.
Si no puedes preguntárselo, pregúntaselo a quien se sienta al lado, o lee lo que esa persona ha dicho de sí misma allí donde ya tienes acceso. Diez minutos bastan.
Cuatro categorías que casi siempre aciertan
Relatos. El regalo más infravalorado de la librería. Sin compromiso, sin obligación de terminar, y un relato fallido le cuesta al lector veinte minutos en vez de quince días. Excelente para cualquiera que diga que no tiene tiempo de leer.
Un libro de divulgación sobre algo que le gusta visiblemente. El libro sobre pan para quien hornea, sobre pájaros para quien camina, sobre una ciudad para quien se muda allí. El tema hace el trabajo y no hace falta adivinar sus gustos de estilo.
Un clásico reeditado en una edición bonita. Probablemente no lo ha leído, no se ofenderá, y el objeto en sí ya es un regalo. Es la opción más segura de la tienda, y lo es por algo.
Libros ilustrados y de fotografía. Casi sin riesgo. Se miran más que se leen, sobreviven años en una mesa y funcionan con gente que de verdad lee poco.
Cuatro que casi nunca aciertan
El superventas del que habla todo el mundo. Media clase ya lo ha leído y la otra media ha decidido no hacerlo. Es el único libro del que puedes estar seguro de que no será un descubrimiento.
La autoayuda, en cualquier forma. Se lee como un diagnóstico, aunque no sea la intención. Lo mismo vale para todo lo relacionado con productividad, orden o salud.
Una novela de 900 páginas. Es un compromiso, no un regalo. Nadie quiere deberle tres semanas a alguien.
El cuarto tomo de lo que sea. Obvio en cuanto se dice, y aun así pasa todos los años.
Usa la librería, no el buscador
Una librería es mejor herramienta que cualquier web, porque la restricción de lo que hay físicamente en la mesa produce elecciones que ningún algoritmo saca a flote. Y un buen librero responde mejor a “necesito un libro para alguien a quien le gusta cocinar y es bastante gracioso” que cualquier motor de recomendación.
Las librerías de viejo son todavía mejores si el intercambio las permite — y un intercambio de libros debería decir claramente si es así, porque si no media clase supondrá “solo nuevo”.
La parte que de verdad importa
Escribe en la primera página. Una o dos frases sobre por qué lo elegiste, sin firmar si el intercambio es secreto.
Un libro que llega con un motivo es una recomendación. El mismo libro sin nota es un objeto que alguien compró. Es la mejora más barata posible de un regalo, y cuesta un minuto.
Si de verdad te has quedado en blanco
Compra el libro que te gustaría que te regalaran a ti, y dilo en la nota: que no le conocías bien, que ese libro significó algo para ti y que tenías curiosidad por lo que pensaría.
Eso es un regalo de verdad — del tipo honesto — y se recibe mucho mejor que una elección prudente hecha sin convicción.