Ocho ocasiones para sortear regalos que no tienen nada que ver con la Navidad
El sorteo está archivado en diciembre, y es una lástima, porque el problema que resuelve no tiene nada que ver con el calendario. Cualquier grupo en el que todos comprarían para todos tiene la misma aritmética: entre ocho salen cincuenta y seis regalos, y eso no lo quiere nadie.
Un sorteo convierte cincuenta y seis en ocho. Estos son los sitios donde eso ayuda fuera de diciembre.
1. Un equipo que nunca ha hecho nada junto
No una fiesta de Navidad: un martes. Un intercambio le da al equipo algo de lo que hablar que no es el trabajo y, a diferencia de una jornada fuera, cuesta diez euros por cabeza y una tarde.
2. Un reencuentro de amigos
La pandilla que se dispersó después de la carrera y se ve cada tres años. El sorteo le da forma a la noche: cada uno trae una cosa para una persona, elegida con lo que recuerda de ella.
3. Nochevieja
La noche ya va de empezar algo. Un sorteo cuyos regalos se abren a medianoche gana a una sala entera mirando el móvil a las 23:58.
4. Un racimo de cumpleaños
Las oficinas que celebran cada cumpleaños por separado pasan el año en un zumbido bajo de colectas. Sortear una vez y regalar el día de cada uno elimina el zumbido entero.
5. Un intercambio de libros, plantas o discos
Cualquier categoría donde la elección pesa más que el precio. El sorteo cambia el encargo de “trae algo” a “trae algo para esta persona”, y ahí está toda la diferencia entre un montón y un regalo.
6. Una despedida de soltero o soltera
Cada uno trae una cosa pequeña para una persona, en vez de que quien organiza compre veinte objetos idénticos que nadie guarda.
7. Una clase o un club
Treinta niños con treinta regalos, en lugar de los mismos tres de siempre. El sorteo es el único mecanismo que lo garantiza.
8. Unas vacaciones en grupo
Cada uno trae algo de su casa para otra persona, y se abre la primera noche. No cuesta nada, y es mejor que pasar la primera noche explicando quién es quién.
La regla que hace que funcionen todas
Sea cual sea la ocasión, las mismas tres decisiones lo sostienen: un tope de precio dicho en voz alta, una fecha que todo el mundo ha apuntado y parejas separadas allí donde dos personas se sacarían entre ellas.
El resto es aritmética, y la aritmética es justo para lo que está el sorteo.